Monday, December 11, 2006


Nieve: Una melancólica pintura turca
Orhan Pamuk, Nieve, 2006, Bogotá, Alfaguara, pp. 499.

Ka, el poeta que tras años de vivir exiliado en Alemania decide ir a Kars, una alejada ciudad en el oriente de Turquía, y, sin darse cuenta de lo que está haciendo encuentra lo que le va a cambiar su vida para siempre, es el protagonista de Nieve, la reciente novela del Nóbel de Literatura 2006, el escritor turco Orhan Pamuk.

La voz que nos cuenta el relato se llama también Orhan, un amigo escritor cercano a Ka, quién decide seguirle los pasos a los últimos años de vida del poeta, luego de haber conocido a İpek, la mujer amada por Ka.

Kars no puede ser mejor escenario para esta novela colmada de melancolía. El paisaje blanco que produce la nieve del frío invierno, nos instala en un lugar abandonado por la historia. Las descripciones lúgubres de Pamuk sobre el paisaje son constantes y, poco a poco, lo van envolviendo al lector en un estado emocional similar al que vivió Ka durante los cuatro pero largos días que permaneció en aquella triste ciudad.

Nieve se lee como una historia de amor, aunque también puede leerse como una crónica de un golpe militar o como una detallada descripción de la turbulenta política en la Turquía de los últimos años. Las intimidades de Ka, sus sueños, sus miedos y sus más entrañables sentimientos y pensamientos, se mezclan con la agitación política, la religión y el arte, en un intrínseco tejido de recuerdos, noticias, poemas.

Pamuk, nos presenta una obra compleja y llena de matices, que desborda cualquier estereotipo de toda índole, sea ideológica, religiosa o intelectual. Mediante el desarrollo de personajes sumamente humanos Pamuk rechaza la simplificación y el extremismo que abundan hoy en día (pensemos en Huntington, por mencionar a uno de tantos), y logra presentarnos la realidad tal como es, con toda su belleza y todo su dolor.

Sin tomar partido alguno, pero preocupado, como todo artista clásico - en el buen sentido de la palabra - por representar de la mejor manera posible el momento histórico que le tocó vivir, Pamuk va desmenuzando capítulo a capítulo, cada uno de los debates actuales acerca de la religión y la política con inmensa lucidez. Imagino que su posición personal de estar justo en el punto de encuentro entre “Occidente” y “Oriente” permite que su visión sea amplia y profunda.

Para los que lo leemos desde otras latitudes, quizá sea necesario adentrarnos previamente en la historia turca antigua y reciente, ya que las permanentes alusiones a épocas anteriores y actuales, hacen que sea indispensable un entendimiento mínimo del contexto para disfrutar de la sutileza de la escritura de Pamuk.

Al terminar de leer Nieve se queda exhausto pero inquieto, con ganas de detenerse y revisar de nuevo uno que otro capítulo. Es imposible soltar las últimas cien páginas aunque una vez se sabe el desenlace final, es como si uno nunca hubiera querido saberlo.

No se sabe qué es más sorprendente de Pamuk, si su capacidad de explorar tan profundamente los recovecos de las emociones y las relaciones humanas, o su habilidad para recorrer por caminos pocos andados la historia y la política de su país. Quizá, su hazaña radique en poder combinar las dos cosas al tiempo - junto a otras más como opiniones sobre la poesía y el teatro - en una sola novela.

En pocos instantes, nos hace pasar del entusiasmo al desespero, del sufrimiento a la alegría, de la felicidad eterna a la indiferencia total. No he leído aún las otras novelas de Pamuk, sin embargo, desde ya, podría afirmar que su literatura perdurará en el tiempo. ¿Por qué? Porque cala hondo sin importar en dónde ni en qué época se desarrolle la historia. Y cala hondo, porque nos irrumpe con fuerza y nos cuestiona acerca de nuestras propias convicciones y emociones. Los personajes, como en el teatro, se hablan entre sí, pero también le hablan al público, quien digiere cada escena en solitario, ya sea en un bus o en un paradero, en una silla de la casa cobijada por una tenue luz de la mesa de noche o en una oficina a escondidas de todos.

Yo no sé mucho de crítica literaria ni pretendo hacerlo. Aunque me imagino que en esos círculos se hablará mucho del estilo de Pamuk y de los geniales recursos literarios que utiliza. Así no sepa mucho, o quizá por eso mismo – y en últimas es esto lo que me obsesiona de la literatura – podría hablar una y mil cosas sobre esta novela, que tiene alma y cuerpo de clásico. Porque, al fin y al cabo, la novela es y debe ser una "mini-vida" que tenemos ahí al lado nuestro, para acompañarnos, influirnos y a la vez nosotros influir en ella. Sé que el aspecto técnico es crucial a la hora de escribir bien. Sin embargo, el buen escritor es capaz de hacer parecer eso como lo menos importante y de hacer que la historia fluya como la vida misma.

Todos, o por lo menos yo, me pregunto siempre cómo hacer para escribir de esa forma. Y creo que la respuesta tiene que ver no tanto con los manuales de escritura, sino con la sensibilidad del escritor, y su actitud frente a la vida, para aprehender la experiencia humana y plasmarla en el papel. ¿Cómo hacer para traducir el dolor en palabras, el sufrimiento en adjetivos, el amor en verbos?

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